Ramón Power y Apalpacoños: calles que no imaginabas podían existir

Abres Google Maps y, de repente, ahí está esa calle con la que se te escapa la risa. ¿El motivo? El propio nombre, su sonoridad, su descaro… Porque no me digáis que no hay que tenerlos bien puestos para ponerle a una plaza el nombre de Plaza de la Paja -La Latina, Madrid-. O esa otra calle, bautizada como Apalpacoños -León-, que no sabemos si se refiere a que era la vía en cuestión en la que aparcaban en doble fila los susodichos o a que era el lugar en el que estos mismos recibían tocamientos.

En nuestro país hay calles capaces de mezclar lo clásico con lo sofisticado, caso de Ramón Power, otras que incitan a bailar dada su sonoridad, caso de la calle Tantarantana y otras que resultan hilarantes, como la calle Torpedero Tucumán. Las hay saludables, como la calle del Plátano, la Naranja o la Lechuga, y menos saludables, como la calle Porrera o Guarromán -que además es un pueblo-. Están las que de repente te ponen feliz, como la calle de la Alegría de la Huerta, y otras que están muy lejos, como la calle Donde Da la Vuelta el Viento.

Unas incitan a evacuar, caso de la calle de Cagaderas de la Luisa, otras a meterse en líos, como la calle Puñonrostro y, las menos, son retadoras, como la calle Salsipuedes. Luego están las incalificables: calle Cristo de la Repolla, calle Catahuevos o calle Mojón… Esto es sólo una pequeña muestra de lo que te puedes encontrar en España, pero si te das una vuelta por Google Maps seguro que encuentras muchas más con nombres peculiares.

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