España, tierra de forofos y penalties

Fue hace dos días pero aún hay resaca. Es penalty clarísimo. No lo es. Dos Españas. La que cree que lo fue y la que no. Pero hay una tercera España. La de los que divagan y ponen en duda todo. La de los indefinidos. La de los enfermos, según las otras dos partes. La España invisible.

La cosa es que el penalty lo es en función del equipo que seas. Es un mantra que se repite. Si eres madridista, lo normal es que sea penalty. Si no lo eres, no habrá habido contacto suficiente para pitarlo. Sucede como con España. Somos forofos de la política, ultras del idealismo. Hinchas de partidos.

Si Cifuentes tiene un máster de cartón piedra, los mamporreros de Rajoy esperarán atrincheradas a que algún cargo del PSOE se vea en las mismas. Y tú más. Rebota, rebota.

Si Pablo Iglesias tiene un comportamiento machista, los zombies morados lo pasarán por alto, pero recriminarán con fuerza el mismo comportamiento en cualquier político de otra formación. Lo de la paja y la viga. Lo de siempre.

La carcajada viene cuando escuchas que hay que defender a toda costa la corona -podrida hasta los tuétanos a base de putas y dinero-, la unidad de España -rota hoy más que nunca- y la bandera -cada vez representando a menos gente-. Mientras la obsesión se centra en eso por el desagüe se nos va España, las personas. Lo importante frente a lo accesorio. La moral como postura, sin materialización. Somos de verbo y barra de bar.

Es desternillante también escuchar a los de enfrente poner como ejemplo pseudodemocracias o mediodictaduras de otros países como modelo para nuestro país. Vender humo. Flores en la batalla pero desde la trinchera de los del tiro en la nuca. Mientras la sociedad se enreda en esos argumentos se deshoja un pétalo más de este país.

Y luego están los indefinidos. Los enfermos. Los que por no tener opinión son opinados, señalados, hasta en ocasiones tachados de malcriados. Los más necesarios. Los que ven el partido desde la grada lateral, lejos de los fondos a rebosar de forofos. Las cosas hechas con el corazón no suelen ser razonables. Las cosas razonadas son muchas veces las mejores para el corazón. Si he de ser forofo, que sea de ellos. De los librepensantes. De los críticos. De los tibios.

Árbitro, pite el final, no nos haga sufrir más.

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