Seis palabras, dos corazones rotos

El problema no es morirse, el problema son los que sobreviven. Fue un paro cardíaco fulminante. Estaba casado, tenía más de cuarenta años y la ilusión que da ver crecer con salud a tres mocosos. Particularmente no le conocía demasiado. Almas coincidentes en el colegio. Conocidos de escuadra y cartabón; de peonzas y yoyós, de…

Infancia y olores: Yo reivindico el olfato

Me atracó a mano armada, tan directo e ineludible como el beso de una abuela. Cerré los ojos e inspiré con fuerza. Olor a madera quemada. Así huele el invierno. Y a frío, porque el frío se puede oler, como la lluvia. Es un olor que trae a cuestas la gente que entra en casa…